Comunicamos a todos los amigos y colaboradores que el programa de radio SENCRIVAL está nuevamente al aire todos los días sábados desde las 10 am en Radio Puente Alto 107.5 FM , para que lo escuchen y sean activos participantes del proyecto.

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LOS TRAUMAS INFANTILES CAMBIAN EL CEREBRO Y PREDISPONEN A LA VIOLENCIA


Un estudio de la EPFL demuestra por vez primera una relación entre el sufrimiento psicológico temprano y el comportamiento agresivo.
Un equipo de investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) de Suiza ha demostrado por primera vez la existencia de una correlación entre el trauma psicológico y cambios concretos y perdurables en el cerebro, unos cambios que, además, estarían vinculados con el comportamiento agresivo. Los científicos analizarán ahora si tratamientos específicos podrían revertir esta transformación del cerebro, gracias a su plasticidad.
Es bien sabido que muchos individuos violentos han sufrido traumas psicológicos durante la infancia. Algunas de estas personas también presentan alteraciones en la corteza orbitofrontal (COF). Pero, ¿existe una relación entre estos cambios físicos en el cerebro y una infancia psicológicamente traumática? ¿Pueden las experiencias modificar la estructura física del cerebro?

Un equipo de investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), dirigido por la profesora Carmen Sandi, miembro de los Centros Nacionales SYNAPSY, ha demostrado por primera vez una correlación entre el trauma psicológico y cambios concretos en el cerebro, a su vez vinculados con el comportamiento agresivo.
Hoy más que nunca toma relevancia el BDNF (responsable entre otras cosas de la plasticidad cerebral), hasta hace poco sabía que lo producía el ejercicio físico, pero resulta que ahora me encuentro con muchas publicaciones que hablan que como el conversar con los hijos y la gamificación también estimulan esta sustancia y suman oxcitocina… hay que jugar más!!
APERENDAMOS MAS
Para sobrevivir, los humanos requerimos un cerebro dinámico, flexible, eficaz, eficiente y adaptable a los cambios del ambiente, así lo afirmó César Casasola Castro, profesor de la Facultad de Psicología.
Estas son características de la “plasticidad neuronal”, es decir, la capacidad del sistema nervioso para cambiar adaptativamente su organización estructural y funcional ante diversos estímulos y el entorno.
Dicha habilidad se presenta, cuando por ejemplo se aprende, recuerda o memoriza algo, tal como un nuevo idioma o un instrumento musical.
De acuerdo con el académico, en la vida cotidiana, la “plasticidad neuronal” se aprecia cuando una persona cambia de domicilio y debe familiarizarse con una nueva ubicación, rutas de transporte y sitios aledaños. También ocurre ante una lesión por enfermedad cerebro-vascular, infarto isquémico, un traumatismo cráneo-encefálico, entre otras lesiones.
Casasola Castro destacó que, debido a su importancia, es fundamental que las personas ejerciten la plasticidad de su cerebro.
“De esta manera, los procesos cognoscitivos, sensorio-perceptuales, motores e incluso de procesamiento emocional estarán sanos. De inhibirse esta cualidad, el cerebro se deteriorará, degenerará, y será incapaz de responder a condiciones de daño o lesiones”.
De esta forma, es importante la realización de acciones que reten al cerebro y logren el cambio. En este sentido, señaló dos escenarios de intervención. El primero en el ámbito de la atención especializada (ante un traumatismo cráneo-encefálico, por ejemplo). El segundo, relacionado con actividades cotidianas como alimentarse, dormir bien o practicar algún ejercicio.
El universitario puntualizó la importancia de dormir de siete a nueve horas diarias, pues la privación del descanso inhibe la plasticidad. Asimismo, la actividad física (sobre todo el ejercicio aeróbico) promueve la oxigenación cerebral, la neurogénesis y la conectividad neuronal.
“Es recomendable utilizar nuestras funciones cognoscitivas y retarnos con dinámicas que ejerciten esta capacidad, por lo que también se sugieren lecturas cada vez más complejas o resolver laberintos o crucigramas”.
Fuente: Universidad de Western Ontario.
Resumen: Si bien los efectos de la falta de sueño son bien conocidos, los investigado
res descubren que dormir demasiado podría tener un efecto perjudicial en su
cerebro. Un nuevo estudio informa que dormir más de ocho horas por noche puede reducir la capacidad cognitiva y las habilidades de razonamiento.
En algún momento, la mayoría de las personas experimentarán no dormir lo suficiente durante un período de días, semanas o meses. Sin embargo, los efectos de este tipo de restricción
diaria del sueño en las habilidades cognitivas de alto nivel, como la capacidad de almacenar y recuperar información en la memoria, resolver problemas y comunicarse, siguen siendo poco conocidos.

En una muestra global de más de 10000 personas, demostramos
que el rendimiento cognitivo, medido con un conjunto de 12 pruebas bien establecidas, se ve afectado en personas que reportaron que normalmente duermen menos, o más, de 7 a 8 horas por noche, lo cual fue aproximadamente La mitad de la muestra. De manera crucial,
el rendimiento no se vio afectado de manera uniforme en todos los dominios cognitivos. La duración típica del sueño no influyó en el rendimiento de la memoria a corto plazo, a diferencia del razonamiento y las habilidades verbales, que se vieron afectadas
por el poco o demasiado sueño.
En términos de cognición general, una duración típica de sueño autoinformada de 4 horas por noche fue equivalente a un envejecimiento de 8 años. Además, dormir más de lo normal la noche anterior a la prueba (más cerca de la cantidad
óptima) se asoció con un mejor rendimiento, lo que sugiere que una sola noche de sueño puede beneficiar la cognición. La relación entre el sueño y la cognición fue invariable con respecto a la edad, lo que sugiere que la cantidad óptima de sueño es similar
para todos los grupos de edad de adultos, y que las deficiencias relacionadas con el sueño en la cognición afectan a todas las edades por igual. Estos hallazgos tienen implicaciones significativas en el mundo real, ya que muchas personas, incluidas las que
ocupan puestos de responsabilidad, operan con muy poco sueño y pueden sufrir problemas de razonamiento, resolución de problemas y habilidades de comunicación diariamente. una duración típica de sueño autoinformada de 4 horas por noche fue equivalente a un
envejecimiento de 8 años. Además, dormir más de lo normal la noche anterior a la prueba (más cerca de la cantidad óptima) se asoció con un mejor rendimiento, lo que sugiere que una sola noche de sueño puede beneficiar la cognición.
y la cognición fue invariable con respecto a la edad, lo que sugiere que la cantidad óptima de sueño es similar para todos los grupos de edad de adultos, y que las deficiencias relacionadas con el sueño en la cognición afectan a todas las edades por igual.
Estos hallazgos tienen implicación en la vida muchas personas alrrededore del Mundo.
Los cambios genéticos asociados al trauma sufrido por los sobrevivientes del Holocausto pueden transmitirse a sus hijos y, posiblemente, a las subsecuentes generaciones.
Ésta es la conclusión a la que llegó un equipo de investigadores del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York, Estados Unidos, que comparó la composición genética de un grupo de 32 hombres y mujeres judíos con la de sus hijos. El grupo en estudio había vivido en un campo de concentración o sufrido bajo el régimen nazi,

Esta información se comparó a su vez con la de otras familias judías que no habían vivido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Se sabe que los hijos de las familias que fueron víctimas directas son más propensos a sufrir desórdenes vinculados al estrés. Y «los cambios genéticos en estos niños sólo pueden ser atribuidos al hecho de que sus padres estuvieron expuestos al Holocausto», señala Rachel Yehuda, profesora de Psiquiatría y Neurociencia y líder del proyecto de investigación.
El estudio, dicen sus autores, presenta un ejemplo claro en humanos de cómo la herencia epigenética puede afectar los genes de nuestros hijos e incluso nuestros nietos.
«Es la primera evidencia en humanos -de la que tenemos conocimiento- de una marca epigenética en la descendencia basada en la exposición de los padres, antes de la concepción», afirma Yehuda.
¿Qué es la epigenética?
La teoría de la herencia epigenética es controvertida.
Sostiene que el estilo de vida -las influencias del medio ambiente- como por ejemplo el fumar, el estrés o la dieta pueden provocar cambios genéticos en nuestra descendencia y jugar un papel importante en su desarrollo.
Lo que está científicamente aceptado es que la única forma de transmitir información biológica entre las generaciones es a través de los genes que están contenidos dentro del ADN.
Sin embargo, nuestros genes cambian por la influencia del ambiente mediante una suerte de etiqueta química (el epigenoma) que se adhiere a nuestro ADN y que funciona como un interruptor: modifica la expresión de los genes activándolos o silenciándolos.
Según estudios recientes, estas etiquetas podrían transmitirse de alguna manera entre las generaciones.
Y estas etiquetas epigenéticas fueron las que el equipo de Nueva York encontró en la misma porción de un gen -asociado a la regulación de la hormona del estrés- tanto en los sobrevivientes del Holocausto como en sus hijos.
Mediante una serie de análisis clínicos, el equipo descartó que esto se debiese a experiencias traumáticas vividas por los hijos, y por eso concluye que fueron heredadas de sus padres.
Pero si tomamos precisamente el caso de los hijos de los sobrevivientes del Holocausto, ¿no podríamos explicar su predisposición a sufrir desórdenes vinculados al estrés por el hecho de haber escuchado historias terribles de esta experiencia en los relatos de sus padres?
Para Yehuda, esto es muy poco probable, ya que esto no permitiría explicar las diferencias que se manifestaron en los casos en los que el sobreviviente fue la madre o el padre.
De acuerdo al estudio, los hijos de padres con desorden de estrés postraumático son «probablemente más propensos a la depresión», mientras que el efecto contrario parecería darse en los hijos de madres que sufren el mismo desorden.
Josie Glausiusz, periodista e hija de un sobreviviente, participó en una de las investigaciones llevadas a cabo por el equipo del Hospital Sinaí.
En un artículo publicado el año pasado en la revista Nature, cuenta su experiencia y cómo se desarrolló el estudio.
«Mi padre nunca fue diagnosticado formalmente con desorden de estrés postraumático. Pero sé que mi padre, que cumplirá 80 este año, también me contó historias esperanzadoras», explica Glausiusz.
Aún así, le explicó Yehuda, «si crees que tu padre tiene síntomas, tú probablemente seas más vulnerable a la depresión o a la ansiedad».
«Hay posibilidades de que exista un vínculo real entre los síntomas de tu padre y los tuyos, y que el problema no esté ligado necesariamente a la transmisión genética, sino a la epigenética».
No obstante, los investigadores no han logrado entender todavía cómo se produce esta transmisión.
Yehuda cree, sin embargo, que estas modificaciones bioquímicas se producen antes de la concepción en los padres, pero, en la madre, pueden ocurrir antes de la concepción o durante la gestación.
Esta teoría fue demostrada con anterioridad en ratones.
El Dr. Gupta dice: Nadie debe morir de cáncer, excepto por descuido;
(1) El primer paso es detener todo el consumo de azúcar, sin azúcar en el cuerpo, la célula cancerosa moriría de muerte natural.
(2) El segundo paso es mezclar un limón en una taza de agua caliente y beberla por 1-3 meses hará que el cáncer desaparezca… según una investigación del Maryland College of Medicine, es 1000 veces mejor que la quimioterapia.
(3) El tercer paso es beber 3 cucharadas de aceite de coco orgánico, mañana y noche, y el cáncer desaparecería, puede elegir cualquiera de las dos terapias después de evitar el azúcar. La ignorancia no es excusa; He estado compartiendo esta información por más de 5 años. Dejen que todos a su alrededor sepan. Dios los bendiga.
«Dr. Guruprasad Reddy B V, OSH ESTADO UNIVERSIDAD MÉDICA MOSCÚ, RUSIA
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